La película que fue demasiado ambiciosa para 1968
Cuando Horus: Prince of the Sun (太陽の王子 ホルスの大冒険) se estrenó en el verano de 1968 como parte del programa Manga Parade de Toei, el público y la crítica la calificaron de "demasiado oscura" y "no apta para niños". La película fue un fracaso comercial. Takahata tenía 32 años y debutaba como director de largometraje. Miyazaki, con apenas 27, ocupaba el rol crucial de "diseño de escenas", construyendo la arquitectura, la disposición de las aldeas y el mundo vivido que definiría su carrera posterior.
Una retrospectiva de Magmix rastrea cómo aquel fracaso inicial plantó las semillas de todo lo que Ghibli llegaría a ser.
La producción se extendió tres años y se excedió del presupuesto, costando ¥130 millones frente a los ¥70 millones planificados. En una época en que el anime de largo formato seguía el modelo de división del trabajo de arriba hacia abajo de Disney, Takahata trató a su equipo como colaboradores creativos, compartiendo diagramas de relaciones entre personajes y documentos de arcos emocionales desde la etapa de planificación. Ese método colaborativo, poco destacable según los estándares actuales, era radical en el anime de los años 60.
Por qué Hilda sigue siendo importante
La verdadera distinción de la película es su heroína. Hilda sirve al villano Grunwald, pero su conciencia se despierta al entrar en contacto con los aldeanos. No es malvada. No es buena. Está atrapada entre la lealtad y la moral, incapaz de resolver ninguna de las dos.
Ese tipo de complejidad moral era inédito en el anime infantil. El público de 1968, acostumbrado a héroes y villanos claramente definidos, no sabía qué hacer con ella. Pero el linaje es inconfundible: el conflicto interno de Hilda se extiende directamente hasta San y Lady Eboshi de Princess Mononoke, personajes atrapados en circunstancias que no admiten juicios fáciles.
Más allá de Hilda, la narrativa de la película rechazaba la fórmula simple de aventura. La aldea que acoge a Horus no lo recibe con los brazos abiertos. La sospecha, el miedo y las disputas entre los aldeanos impulsan la tensión de la historia tanto como el villano sobrenatural. A Takahata le interesaba más la debilidad colectiva humana que un chico blandiendo una espada mágica.
La revalorización de los años 80
El punto de inflexión llegó en la década de 1980. Para entonces, Takahata había dirigido Heidi, Girl of the Alps y Miyazaki había realizado Future Boy Conan y Nausicaä of the Valley of the Wind. Críticos y figuras de la industria revisitaron su trabajo temprano en Toei y se dieron cuenta de que Horus se había adelantado a su época.
Revistas de anime y entrevistas con el equipo de ese período también revelaron cuán experimental había sido el proceso de producción. El trabajo de diseño de escenas de Miyazaki en Horus ya contenía el detalle ambiental y la lógica espacial que se convertirían en sellos distintivos de su filmografía. Los interiores de los edificios, la textura de la vida aldeana, la sensación de un mundo que existe más allá del encuadre: todo era visible en forma embrionaria.
La experiencia no fue en vano, aunque la taquilla dijera lo contrario. Takahata y Miyazaki llevaron consigo lo aprendido en Toei a lo largo de las décadas siguientes de trabajo, cofundando finalmente Studio Ghibli en 1985.
Para seguir explorando
Horus: Prince of the Sun está disponible en formato doméstico en Japón a través de Toei. En Norteamérica, Discotek Media ha lanzado la película en Blu-ray con el audio original en japonés y el doblaje en inglés (titulada The Little Norse Prince en su antigua versión televisiva estadounidense). Sigue siendo el punto de partida más claro para entender los orígenes de Ghibli.
La película no se transmite ampliamente en las principales plataformas internacionales de streaming como Crunchyroll o Netflix. El formato físico sigue siendo la forma más fiable de verla fuera de Japón.

